Amor femenino

Nunca había visto a nadie más hermoso. No podía apartar mis ojos de ella.

La forma en que se movía, su andar tranquilo y su confianza en todas las situaciones. Ella era dueña de todos los sitios en los que entraba, iluminándolo todo con su brillante sonrisa, su distintiva y hermosa risa. No podía apartar los ojos de sus labios carnosos y deliciosos mientras hablaba. Tenia tantas ganas de besarla. Quería besar cada curva de ella, y pasar mis dedos por su suave piel negra. Estar desnuda y cerca de ella, solo nosotras dos.

Me ponía nerviosa cada vez que nuestras miradas se encontraban; teníamos las mismas clases en la universidad, así que eso era frecuente. Me sentaba siempre en la primera fila solo para evitar mirarla cada pocos segundos.

Siempre pensé: ”¿por qué no será lesbiana?”. Todos los días soñaba despierta con que las dos nos encontráramos en una fiesta. Iría con un vestido sexy, a la par que elegante. Sería algo así como decir: ”Estoy aquí, por favor fíjate en mí, por favor, deséame como yo te deseo a ti”.

Justo cuando empezaba a desesperarme por no tener esa oportunidad, me enteré de que cantaba en un bar. Por supuesto, ella era cantante. ¿Podía ser más perfecta? Era ahora o nunca, había llegado mi momento.

Me probé toda la ropa que tenía. Un vestido era demasiado esperanzador, una chaqueta de cuero demasiado obvia. ¿Labios rojos, rosas, sin pintalabios? Casi no salgo de casa, perdiendo la confianza a cada segundo. Pero, como me dicen mis amigas, carpe diem. Aprovecha el día, no tenía nada que perder. Me puse mis vaqueros ajustados que sabía que marcaban mi culo respingón, una camiseta escotada de buen gusto y un toque de delineador de ojos ahumado y sensual. Sencillo, discreto y, con suerte, sexy.

El bar estaba abarrotado de gente. Afortunadamente, reconocí a algunos compañeros de clase y me mezclé entre ellos. Una banda universitaria acabó su presentación, y me dijeron que Tessa era la siguiente. Me fui poco a poco hacia el frente y esperé allí.

En el mismo momento en que pisó el escenario, volví a sentir lujuria. Ella era la perfección angelical, con jeans ajustados, tacones, una blusa dorada ceñida y una sombra de ojos brillante a juego que hacía brillar sus grandes ojos. Cogió su guitarra y empezó a cantar, y el público se quedó en silencio.

Cantó sobre el amor, sobre las oportunidades perdidas y los días que pasaron haciendo el amor y viendo la lluvia. Sostuvo a la multitud en la palma de su mano, y cuando empezó la siguiente canción, volvió su mirada hacia mí. Cantó una balada de blues sobre amar a una buena mujer, y la cantó directamente en mi dirección, o eso parecía.

Sentí que solo éramos nosotras dos, solas en

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